En esta nueva entrada del blog quiero hablaros de nuestro último viaje, Colombia. Un país único por todo lo que le ofrece al viajero, pero, sobre todo, por contar con la gente más amable y hospitalaria que uno puede encontrar. Una experiencia increíble en la que todas nuestras expectativas e ilusiones se cumplieron y que sin duda queremos repetir.

A través de este relato quisiera haceros parte de este viaje.

Los primeros días nos quedamos en Bogotá, un paso obligatorio para aquellos que como nosotros visitan por primera vez este país. Es una hermosa ciudad donde el centro histórico llamado La Candelaria, conserva, aún intacto, el recuerdo del pasado con edificios de estilo colonial y su bella catedral. También visitamos el Septimazo donde el arte y la música toman la calle. Una calle que congrega artistas de todas las edades, estilos y culturas.

Por supuesto, tampoco nos podíamos perder el mejor Museo del Oro de toda América Latina tanto por su cantidad como por la calidad de las piezas. Estábamos fascinadas con cada una de éstas, seriamente creímos las historias de la existencia de la mítica ciudad “El Dorado”. La maravilla y detalle de estas joyas labradas en oro puro son parte de la Historia del Nuevo Mundo.

En el Pasaje Hernández, una galería comercial muy moderna y de estilo parisino, pudimos comprar muchas de las piezas que hemos utilizado en nuestras creaciones inspiradas en las joyas de este museo y que puedes encontrar en http://pastoraconde.es/precolombinos/

Nuestra siguiente parada fue Zipaquirá, localidad situada a 50 km al norte de Bogotá, se encuentran las conocidas minas de sal. Su tamaño es tal que ha dado para construir una Catedral de Sal en sus subterráneos, constituyendo un rincón arquitectónico tremendamente original y una excursión ideal de un día desde la capital.

Cuando preparábamos nuestro viaje todo el mundo que previamente había visitado Colombia, nos recomendaba ir a Villa de Leyva. Un bonito pueblo que se convirtió en otro de nuestros rincones preferidos de Colombia (no son pocos, por cierto). Su arquitectura colonial se acentúa en cada detalle. Basta pisar su Plaza mayor, de las más grandes de América Latina, para darse cuenta de ello. Aunque lo mejor es el color y el aroma de esas calles siempre florecidas o la calidez de la gente, la cual hemos intentado trasmitirla en cada una de las piezas precolombinas que hacemos.

Dentro de Colombia, además de sus encantos paradisíacos, también se encuentra un hermoso tesoro y uno de los símbolos colombianos por excelencia, las esmeraldas. Por eso, no podíamos estar en la tierra de las Esmeraldas más bellas del mundo sin comprar algunas piedras semi-preciosas que completen y resalten la belleza de nuestras creaciones.

Nuestro viaje a Colombia de 10 días no dio para mucho, no es suficiente y seguramente nunca será suficiente. Atrás hemos dejado incontables lugares que serían protagonistas en uno y más viajes. Los Llanos, el Chocó, las Islas de San Andrés y Providencia, Guatapé… y un largo etcétera de lugares de seguro increíbles que formarán parte de la frase “Ya volveremos”. Fue tomar el avión de salida y echar Colombia de menos.

¡Prometo que regresaremos!